Caral: La Ruta del Señor de Supe

Habíamos planificado esta ruta meses atrás, deseosos de visitar nuevamente a la legendaria y milenaria Ciudad Sagrada de Caral, considerada desde 1997 como la cuna de la civilización andina. Y no nos reservamos el deseo, ya que nos pusimos a tropel sobre nuestros pedales una mañana del 08 de marzo de 2014 para tener en pocas horas y ante nuestros ojos, los recuerdos arquitectónicos de tamaña civilización.

Nos reunimos Jorge, Elizabeth, Jesús, César, Gabriel, Juan, Nancy, Oscar, Elena y mi persona en el terminal terrestre de Lima Norte. Nos embarcamos junto a nuestros caballos de metal para estar dentro de pocas horas en la ciudad de Barranca, punto de inicio del periplo. Normalmente se ha hecho la ruta hacia Caral desde la ciudad de Huacho, pero en esta ocasión decidimos visitar otros sitios de interés.

Como la hora de llegada al pueblo de Caral iba a estar muy distante en términos sexagesimales, decidimos almorzar temprano para pedalear con las baterías al máximo. Devoramos unos jugosos platos a la carta y nos apertrechamos de rehidratantes y barras de energía (extrañamos a Soni Power) para estar luego de una hora, sobre la antigua Panamericana Norte rumbo al puerto de Supe.

DSC_0082El puerto de Supe es un lugar con historia singular. Fue una especie de cuartel general del empresario corporativo pesquero Luis Banchero Rossi. El recuerdo de la época de «bonanza» en torno a la harina de pescado en los años 60 y 70 aún queda en la memoria de los habitantes del puerto y en el muelle que aún detenta algo de su época dorada. Unos chiquillos del lugar brincaron alegres al notar a un pelotón de locos con jerseys de colores que simulaban ir hacia el mar. No faltó la explotación de tal escenario para respirar honda salinidad, sentir la brisa, ver el horizonte y agradecer a nuestras piernas y bicis por brindarnos tal vista. Luego de un tiempo prudente, nos despedimos de Puerto Supe y nos dirigimos a San Nicolás, el siguiente punto de destino.

A través de la antigua Panamericana Norte, los tripulantes de vehículos motorizados contemplaban la fila colorida sobre dos ruedas. Tomamos el desvío que dobla hacia la hacienda San Nicolás. La trocha que nos conduce a ella acompaña en paralelo a un gran canal de regadío que transporta líquido elemento desde el río Supe y alimenta enormes campos de cultivo de maní. Aproximadamente 40 minutos después de sortear acequias anchas, caballos atados en el camino y el pequeño poblado que le antecede, llegamos a la antigua hacienda San Nicolás.

La hacienda San Nicolás, es un lugar al sureste de Puerto Supe, uno de los anteriores latifundios de la familia Brescia y que fuera expropiada durante la Reforma Agraria. Fue fundada a fines del siglo XIX y tuvo fama por los sembríos de caña de azúcar hasta los años 30. En éste período (1890-1938) utilizaron mano de obra japonesa que desembarcaba clandestinamente en el puerto de Chancay. Este intervalo de tiempo está repleto de historias tristes, de explotación, de abuso de poder y de muerte. Existe un cementerio japonés a unos 200 metros de la hacienda. Nos cuenta Don Julio, el cuidador del lugar, que hasta la fecha vienen de cuando en cuando descendientes de esos primeros japoneses en nuestro país, para visitar a sus ancestros y orar por ellos. No faltan los relatos de terror, de voces en las noches, de ruidos de viejas maquinarias y de apariciones.
DSC_0107Luego, en los años 40 la hacienda da un vuelco en su producción, pasando del cultivo de caña de azúcar al de algodón. En esta época, contratando mano de obra local es que logra su mayor apogeo. Se sabe por los diarios locales y la corroboración de Don Julio, que la hacienda San Nicolás llega a tener 4 mil trabajadores, los cuales trabajaban de ocho de la mañana hasta la medianoche. Un completo abuso ante la falta de leyes laborales claras. Incluso, para evitar algún pretexto y tener que salir fuera, los Brescia pusieron un mercado, bares, escuela y capilla como para que los trabajadores no tuvieran que alejarse y se dedicaran al ciento por ciento al trabajo en el campo y la fábrica. Todo ello terminó en la reforma agraria con la expropiación de la propiedad de los Brescia, aunque sin final muy feliz debido a la ausencia de capacitación técnica para los trabajadores y la interrupción de la reforma.

Abandonamos la hacienda San Nicolás siguiendo por la trocha que cruza la Panamericana Norte para tomar la carretera Caral-Minas Ámbar. Grande fue la sorpresa pues hacía cuatro años (2010 – Leer nuestra primera visita a Caral) se podía mencionar que «ello» era una carretera. Ahora no. El tiempo, los motorizados y más que seguro, el pésimo material empleado en su construcción lo habían convertido en una trocha. En fin, somos ciclistas de montaña y de trocha, por lo que recibimos de buen agrado tal transformación en la vía. Es en ésta parte del camino que nuestro compañero Gabriel casi sufre una de las peores desgracias que pueden ocurrirle a una bicicleta. Una falla en la sincronización de los cambios llevó el descarrilador hacia atrás y casi lo introduce entre los rayos de su llanta trasera. Felizmente dió cuenta del peligro y dejó de pedalear pero la orejita que sujeta el descarrilador con el cuadro quedó muy doblada por lo que tuvo que seguir en un único cambio. Continuamos derechos a fuerza de puro pedal y llegamos al pueblo de Caral super hambrientos. Un guiso hizo el deleite después de alojarnos en el único hotel del lugar.

A la mañana siguiente, Gabriel intentó enderezar su oreja pero el daño era irreversible. Un golpe enderezador y crack! adiós oreja. Pero un verdadero ciclista no tira la toalla, siempre hay un plan B, por tanto extrajo el descarrilador y a continuar pedaleando como si tuviera piñón fijo. Hecho ésto, partimos en pelotón hacia la zona arqueológica de Caral, la cual han mejorado para disfrute nuestro, con una extensión hacia las ruinas de Chupacigarro y de ahí vuelta a la izquierda. Se trata de una trocha de unos cinco kilómetros paralela al río Supe que hace muy interesante la entrada.
Llegados a Caral, iniciamos la visita nutriéndonos de conocimientos arqueológicos e históricos, admirando la vital importancia de Caral como cultura madre de la civilización andina. La posterior difusión de los conocimientos ahí logrados dieron frutos más adelante en diversos estados e imperios prehispánicos. Ya en Caral existía conceptos de reciprocidad, dualidad, continuidad. De igual modo, el comercio e intercambio de productos entre costa, sierra y selva estaba claramente establecido. Se trató de una civilización matriz y como ciclistas comprometidos con el medio ambiente y la cultura supimos apreciar lo que estaba frente nuestro.

La visita culmina e iniciamos el siguiente reto, no sin antes degustar algunas pequeñas viandas que proporcionaban en la entrada. El desierto de Supe se mostraba impiadoso y el camino a través de tal expresión geográfica era complicado, muy pedregoso, arenoso y constante. Las llantas de nuestras queridas bicicletas apenas tomaban velocidad por más que el empuje de nuestras piernas llegaban a su máximo. Una pequeña subida, dos colinas próximas en donde la temperatura se eleva infernalmente, una curva y finalmente, una bajada, el premio de todo ciclista trepador. Aquí aumentamos la cadencia y marchamos en grueso a una velocidad promedio de 25-30 kms/hora ya que el camino lo permitió, atravesando granjas avícolas y garitas semi abandonadas. Al fin, luego de unas horas de puro desierto, asomó al fondo el Valle de Végueta. Nos internamos en él y tras unos 40 minutos más de deliciosa trocha llegamos una vez más a la antigua Panamericana Norte.

DSC_0435Desde aquí ya todo el recorrido iba a ser a puro asfalto por lo que la velocidad aumentó considerablemente. Llegamos a Huaura, nos tomamos una foto en el histórico balcón de la plaza, donde San Martín proclamó la independencia peruana por primera vez, y seguimos hacia Huacho, nuestro último destino. En Huacho tomamos por asalto un restaurante, dimos gracias por la ruta y brindamos como debe ser en un ambiente de alegría y amistad. Abordamos el bus con nuestras bicis desarmadas y viajamos con una paz interna que sólo brindan las rutas de trocha o montaña por los caminos del Perú y Latinoamérica.

Queremos felicitar en esta ocasión el empeño mostrado por nuestros nuevos amigos Elena Valverde Castillo, Nancy Cochachín y Oscar Gambini. Fue su primera ruta fuera de Lima y lo hicieron sin arrugar, con mucho ímpetu y verdadero espíritu ProBike.
Gracias y se vienen más y más rutas, pedaleando hasta donde nos siga llevando el viento.

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Carlos Caballero Montero
Co-Fundador y Administrador ProBike