Cerro San Cristóbal: El Gran Apu de Lima

Nos aglomeramos siempre alguna noche de alguna semana de algún mes y de algún año en la Alameda de los Descalzos para iniciar a fuerza de pedales una de las trepadas más significativas de la ciudad de Lima: el Cerro San Cristóbal. Comenzó esta costumbre desde hace muchos años, pero desde hace algunos pocos el hermano ciclista Armando Morante le brindó el empuje necesario (aún lo hace) para que cada vez más, decenas de ciclistas (y a veces cientos) trepen por sus cuestas, dejen enormes cantidades de sudor en el camino y finalmente coronen la cumbre fielmente, de un modo u otro. El que sube por primera vez «sufre» y tiene que «pagar al Apu».

Pero el Apu San Cristóbal como también se le llama, especialmente por el respeto ancestral que se le guarda no es solo un cerro que tiene una cruz. Es mucho más que eso y a veces no nos damos cuenta del recorrido histórico por el que atravesamos cuando llegamos a su bella alameda y su imponente mirada.

Siendo común, clásico y tradicional el que nos hagamos presentes muchas noches del año y algunos sábados frente al «Apu», es que creemos conveniente que señalemos unos pequeños detalles que deben ser de conocimiento de muchos o de pocos, según sea el campo de desenvolvimiento o circunstancia en el que cada uno se encuentre.
De igual modo, pensamos que una raya más al tigre de la divulgación, no hará mella en gustos, dimes y diretes conforme al acervo de cada ciclista, bien por preferencia en el pedaleo, bien por complemento enriquecedor, o bien porque simplemente hemos querido hacerlo. Entonces aquí les va:

El «Apu» San Cristóbal debe su nombre porque fue el día de San Cristóbal (según calendario católico), aquel en el que el ejército de Manco Inca decidió retirarse de las faldas del cerro. Las huestes incas la utilizaban como centro de aglomeración de efectivos para la toma de la capital, hecho que no se produjo debido a la colaboración casi incondicional de los huancas para con los españoles.
Luego de la huída, Pizarro optó por ir personalmente a la cumbre del mismo cerro a colocar la primera de las cruces como acto de agradecimiento por el «milagro» acaecido. Particularmente preferimos en tiempos actuales, sentirlo como un «Apu» reconquistado.

También puede que no demos cuenta de que al iniciar la trepada al Apu San Cristóbal y muy cerca de la zona que conocemos como «El Basural», vivió el obrero tejedor de canastas, Luis Enrique Rivas, posible inspirador de Luis Felipe Pinglo Alva (el apellido original se cree que era Ping-Lo, pues era de ascendencia china). Eran los años 20, época de luchas sociales, y el humilde habitante del Apu San Cristóbal, amigo de Pinglo, puede haber generado identificación con el genio de la música criolla, él que a su vez también atravesó una situación de marginación social por cometer el «delito» de enamorarse de Giannina Zuccarello, hija de un industrial italiano residente en Lima. Al viejo Zuccarello no le brindó gracia la relación correspondida del chino-cholo Pinglo y su caucásica hija de 17 años, por lo que la envió a Florencia a que viva con sus abuelos. (Pinglo tenía 25, lo que lo hubiera hecho en la jerga amorosa actual, un chibolero). Estas circunstancias: el habitante del Apu San Cristóbal, la condición pobrísima, el amor de Giannina y la marginación, permitió el nacimiento del famosísimo valse: El Plebeyo.

alameda

Alameda de los Descalzos en el siglo XIX

Cuando descendemos del Apu San Cristóbal y llegamos a la Alameda de los Descalzos para gozar del suculento desayuno, muchos tampoco no nos percatamos de la simbología que data desde el siglo XVII y que ha ido enriqueciéndose con el pasar de los años. Pero fue Don Ramón Castilla quien le brindó un toque simbólico-alegórico importantísimo que puede apreciarse notablemente a la fecha: el destaque del oriente, los signos zodiacales, la referencia a la bóveda celeste. Es más, el mismo nombre. Alameda de los «Descalzos» contiene pistas de ritos centuriales, por decir, iniciáticos, que se respiran en cada una de sus doce estatuas representativas de dioses griegos, ordenadas y conformando una especie de cadena con eslabones dispuestos a la continuidad.

Por ende,cada trepada nocturna al Apu o bien, cada sábado cuando trepemos gracias a la llamada de algún amigo o grupo ciclista, acordémonos del humilde tejedor de canastas, habitante del San Cristóbal e inspirador de Pinglo; acordémonos del ejército inca apostado en las faldas del cerro, revaloricemos la alameda y su simbología, brindemos un tiempo para observar las 12 estatuas con su significado y claro está, respiremos hondo frente a la Alameda de los Descalzos y anotemos que estamos frente a una de las tres en el planeta, aparte de las existente en Ciudad de México y Sevilla, que poseen un deleite artístico tan voluminoso y único.

Trataremos de aportar un poco más cada vez que el pedaleo se haga presente en cualquier ruta y lugar. Pensamos que es una forma de apuntalar y justificar un recurso más del porqué nos encanta esta faena. Creemos que es más satisfactorio sentir que ahí por donde pasamos en pelotón sobre el vehículo de dos ruedas, hay una acumulación de hechos del cual formamos parte y sobre los que generamos extensión.

Con mucho aprecio,

Carlos Caballero Montero
Co-Fundador y Administrador ProBike