La Merced de Chaute

Ávidos y repletos de nuestro espíritu cicloturista y aventurero, pusimos en la mira al hermoso pueblo de La Merced de Chaute (2550 msnm). La mancha ProBiker se reunió en su clásica esquina del Campo de Marte de Jesús María desde tempranas horas para que 11 jinetes del metal inicien su periplo.

Consumada la llegada de todos los participantes: Abel, Daniel, Jorge J., Elizabeth, Ruby, Carolina, Jorge C., Abel P. y su amigo, Orlando y Carlos, enrumbamos hacia donde nos esperaba nuestro transporte a la gloria de la sierra huarochirana.

Llegamos a Cocachacra (Km 54 Carretera Central), un pueblo ubicado unos 15 kilómetros más allá de Chosica, en el cual descendimos nuestros corceles del transporte para iniciar una exigente trepada de 25 kilómetros hasta Chaute. El zigzag inicial fue muy motivador por el paisaje que permite apreciar durante el ascenso, combinándolo con el esfuerzo gratificante que se enfoca en darnos el gusto de hacer turismo con la potencia de nuestro propio motor biológico.

Avanzados los cinco primeros kilómetros el atrevimiento de Carolina fue severamente castigado por el Apu y el espíritu de Tutayquiri, ya que tuvo la osadía de querer trepar la cordillera sin entrenamiento previo (recién aprendió a montar bici, no ha ido a Pachacámac siquiera y llevó una bici urbana de metal). El castigo caló en calambre sobre sus piernas que la obligaron a adelantar su retorno a Chosica. Desde aquí la invitamos a que siga con esa tenacidad insolente y de falta de respeto a la adversidad.

Al continuar con la trepada, la mancha de ciclistas va tomando distancia y separación. Un primer grupo llegó luego de unas 4 horas de trepada en donde lo primero que hicieron fue saquear y devorar un comedor local. Cuentan que Ruby, cual sobreviviente del holocausto, acaparó la mayor cantidad de alimento dispuesto en la mesa (cuando hay hambre, hay hambre). El segundo grupo tuvo problemas mecánicos que hicieron de ellos un retraso mayor para la llegada al pueblo y que durante el descenso los cogiera la noche.

Precisamente al descender, Abel sufrió un accidente al ir bajando por la Carretera Central rumbo a Chosica, topándose sin dar cuenta con las vías del tren que atraparon su rueda delantera y generando el clásico efecto «catapulta». Felizmente, como en la mayoría de casos, un accidente en bici, jamás será lo mismo que en auto. Los 40-45 kms/h de velocidad en descenso de Abel, y su rápida reacción para amortiguar la caída, tan solo lo llevaron a obtener leves rasguños en su pierna y brazo, dejando un recuerdo en su querida casaca cortavientos que quedó rasgada en toda la parte correspondiente al antebrazo (motivo para comprar una nueva). Ruby, la que fue testigo ocular del accidente, no pudo evitar lanzar un grito ensordecedor. Luego, comenta ella: «Yo creí que su cámara se había destrozado por la caída. Iba a ser una lástima que se pierdan las lindas fotos» (…sin comentarios).

Recuperados de éste percance y asegurándonos que Abel se encontraba bien (previo chequeo in situ), continuamos pedaleando rumbo a Chosica. Debido al dolor y agotamiento por efecto de la caída, Abel, Ruby y Carolina deciden tomar un colectivo con rumbo a Lima. Daniel se había retirado un poco antes para cumplir con responsabilidades pendientes en casa. Carlos, Jorge J., Abel P. y su colega, retornaron pedaleando hasta Lima (no nos íbamos a perder ese gusto del pedaleo nocturno hasta casa).

Mientras tanto, Jorge C, Elizabeth y Orlando continuaron con más fallos técnicos y ponchaduras que retrasaron aún más su retorno a Chosica. Ni bien llegados y por lo tarde, optaron por regresar en transporte motorizado a Lima, pero tuvieron la mala fortuna de subirse a una combi cuyo cobrador y chofer se quisieron pasar de muy «criollos», motivando los «ajos», «ares», «erdas» de Jorge C. que felizmente no pasaron a más, ya que llegaron a un acuerdo, obvio, con el evidente aumento de los niveles de bilis y adrenalina en el torrente sanguíneo de Jorge C.

Finalmente, todos llegaron sanos y salvos a su casa (con alguna herida y bilis de souvenir en algunos casos) y se reportaron vía digital ni bien llegados a su correspondiente morada.

La Merced de Chaute es un pueblo con una ruta que brinda un cuadro paisajístico muy bello. Está muy cerca de la capital y ofrece una vista increíble del bosque de Zárate (no está en la entrada de San Juan de Lurigancho por si acaso). Lindo lugar para conocer y visitar, lógicamente, en bicicleta se goza y vive mejor la ruta. Por ello, los jinetes ProBikers seguirán atravesando ríos y montañas, llevando como escudo el corazón aventurero y como lanza, el ímpetu arrollador de sus piernas…