Cordillera Blanca: La Ruta de las Lagunas

Esta travesía empieza como la mayoría de travesías largas. Iniciando en bus (lo que es odioso, porque en pleno siglo XXI necesitamos trenes y no un sistema tan arcaico). Ocho horas de viaje y ya estábamos en Caraz, centro de operaciones de esta salida.

Día 1:
Antes de este viaje nos despedimos solemnemente de nuestras bicicletas de fierro. Yo dí de baja la buena bici que me regaló mi primo Pepe Olaechea y mi hermano vendió la suya en partes. Reventamos el aguinaldo de Diciembre y compramos por fin nuestras primeras bicicletas de aluminio. Como estaban «piticlinas» le dimos una protección extra al meterlas a la bodega del bus. De ese modo, dentro de una caja y desarmadas, partimos con ellas hasta la ciudad de los manjares blancos un 07 de Enero de 2011 a las 10:30 pm.

Día 2: Laguna Parón
Llegamos a la mañana siguiente e instalados en Caraz, armamos las bicis recibiendo nuestro primer inconveniente: Nos comunicaron que no había camino para trepar la Quebrada Santa Cruz, al menos no con bicicletas. Maldición! La Laguna Cuchillacocha era uno de nuestros destinos. Mientras disfrutábamos de unas «chaplas» (pan de la sierra) con «punki» (avena con maca) decidimos poner como objetivo la Laguna Parón, la más grande de las lagunas de la Cordillera Blanca, ubicada a una altitud de 4 155 msnm.

SL372488Empezamos el recorrido, el que nos permitió ver al lado de la trocha un campo de Kiwicha. Era la primera vez que la veíamos en forma natural y la hermosura de esta planta oriunda del Perú correspondía al valor nutricional que le caracteriza. De hecho, las flores que adornaban el camino eran obras de arte que no escaparon al lente de nuestras cámaras.

Avanzando con dirección a Parón hicimos una breve parada en una choza que expendía «Pachamanca». Habíamos consumido este milenario plato en la capital y sabíamos que en los andes tenía un sabor diferente. No nos equivocamos. Acompañamos con «hapchip» (huacatay, ají y queso) y rematamos con un pisco para «bajar» la milenaria expresión gastronómica andina. Luego de un descanso de aproximadamente una hora pudimos ser testigos de la cosecha de papa del campo de cultivo aledaño. Toda una ceremonia.

Continuábamos disminuyendo los 33 kilómetros que separaba Caraz de Parón cuando se presentó una lluvia ligera, la que esperábamos pues el mes de enero se presta para la ocasión. El olor a tierra húmeda y teniendo al nevado Huandoy (6 360 msnm) de testigo dibujaba coherentemente el periplo de dos desquiciados sobre sus bicicletas tratando de superar sus limitaciones cardiovasculares y sus ganas de llegar donde pocos lo hacen. La hoja de coca colaboraba en ello.

Al cabo de un rato procedimos a aumentar el abrigo de nuestros cuerpos y sacamos nuestros cobertores de lluvia. Ya protegidos desde la cabeza a los pies reanudamos la trepada sólo para que una mujer del camino nos diga «Hola Gringos!» ¿¿?? Le repliqué: «Perdón, nos dijo Gringos». Disculpe nos dijo, pensé que eran gringos. Le pregunté por qué y mencionó que solo los gringos por estos lares son tan locos de subir a Parón en bicicleta. La verdad que eso fue una ofensa al espíritu andino telúrico-milenario que llevamos en la sangre. ¿Sólo los gringos son capaces? Para nada! Como buenos hijos del Tata Inti estuvimos empeñados en demostrar lo contrario.

SL372501Arribamos a la Laguna Parón y su espectáculo visual luego de varias horas. Sus aguas color turquesa contrastaban con el nevado Tocllaraju (6 034 msnm). Es aquí donde a mi hermano Jorge se le ocurre ir hasta el otro extremo de la laguna. Le mencioné que estaba muy lejos, pero el insistió con el clásico «Pero mira, si está aquisito nomás». Y es que los casi 4 kilómetros de largo parecían 4 cuadras. Nuestro avance acabó cuando la pedaleada se convirtió en trekking debido a un derrumbe acaecido anteriormente y que había bloqueado la via. Media vuelta y pensar en el descenso antes de que oscurezca. La lluvia aumentó las cifras en los pluviómetros.

El rápido descenso a través de la trocha de Parón hasta Caraz fue adrenalínico. Por un lado el barro y lo pedregoso del camino hacían patinar las llantas y por otro lado los enormes agujeros aumentaban el riesgo de salir volando ante una mala maniobra. No ocurrió nada grave a excepción de una caída por tratar de captar el descenso en video, manejando con una sola mano y con la otra sujetando la cámara. Un poco de dolor y a seguir hasta Caraz que nos vió regresar con los últimos rayos de sol.

Día 3: Portachuelo y las Lagunas de Llanganuco

El siguiente destino iban a ser las Lagunas de Llanganuco. Para ello tuvimos que pedalear muy temprano desde Caraz hasta la ciudad de Yungay (2 490 msnm), unos 15 kilómetros al sur. En este trayecto tuvimos nuestro segundo «Hablen Gringos!» al pasar al lado de un señor con apariencia de agricultor. Diez minutos y unos niños: «Gringo! Gringo!» Dos kilómetros más allá una niña: «Gringo! Gringo!» En el puente, tres niños en coro «Gringo! Dólar gringo! Caramelos Gringo»! De verdad que esa confusión ya empezaba a molestar más de la cuenta,

SL372561Estando en Yungay, tomamos desayuno y se le pasó por la cabeza a mi hermano Jorge de ¿por qué no ir más allá? Estuve de acuerdo con ello y pusimos como objetivo el Abra Portachuelo (4 715 msnm), un punto situado detrás del Nevado Huascarán (6 768 msnm) y desde el cual inicia el descenso al Callejón de Conchucos. Los 45 Kilómetros de pura trepada en ángulo considerable iba a hacer imposible que retornemos con luz natural a Yungay y por ende, a Caraz. Por tal, alquilamos un vehículo que nos transporte hasta Portachuelo mismo. Es aquí donde luego de masticar un poco de hoja de coca, empezar a abrigarnos adecuadamente y admirar por un buen rato a los cuatro nevados que nos rodeaban: Pisqu (5 572 msnm), Huandoy (6 395 msnm), Chopicalqui (6 394 msnm) y Huascarán; dimos cuenta de un horror: Mis guantes! No encontraba mis guantes! Probablemente en una calle de Yungay o en el puesto del desayuno o al bajar del vehículo los había perdido. Acudí a lo único que tenía, un par de medias, las que aparentemente brindaban la protección necesaria contra el frío. Mi calma fue temporal, pues en ese momento y mientras mi hermano filmaba, esa condenada sensación de cuando pones la espalda desnuda sobre un objeto helado nos indicó que iba a empezar una nevada o granizada. Fue lo segundo, por lo que iniciamos un rápido descenso huyendo de la granizada y las bajas temperaturas. Es aquí donde dimos cuenta de que mis medias cubriendo mis manos no servían en absoluto y por segunda vez en mi vida ciclista, el enfriamiento de mi cuerpo en una ruta eran una realidad aterradora.

SL372595La temperatura cuando avistamos las Lagunas de Llanganuco (Orconcocha y Chinancocha) estuvo más soportable y me llenó un poco el ánimo cuando nos detuvimos ya que así la fricción del aire helado no perjudicaba tanto mis manos. La sensación paulatina del enfriamiento del cuerpo desde las manos era muy clara cuando estábamos en movimiento pero era necesaria porque el granizo primero y luego la lluvia nos perseguía en toda la bajada. Continuamos luego de admirar un buen tiempo las hermosas lagunas no sin antes percatarnos como el calentamiento global ha aumentado la cantidad de agua haciendo que se «trague» parte de la vía.

Volví a la misma situación «frigorífica» pero traté de no perder el control ni aletargarme hasta que llegamos al puesto de vigilancia del Parque Nacional del Huascarán donde el vigilante me vendió unos viejos guantes de lana que para decir verdad fueron mi salvación. El calor regresó a mi cuerpo y el descenso se presentó con mayor disfrute no sin antes escuchar un «Hello Gringo!» en tono muy seductor por una chica mestiza. No cabe duda que algo tenemos que hacer los ciclistas de montaña para enterrar esta idea de que solo los gringos se atreven. Llegamos a Yungay con la última hora de la tarde, seguros de haber vencido a la nube que traía la lluvia, dejándola muy atrás. Fuimos luego, cual escena de apocalipsis zombie, llenos de barro, caminando en zig-zag, clamando por… ¿cerebro? No! comida…

SL372599El sitio que nos entregó la fortuna gastronómica de la tarde fue el Restaurante «Alpamayo», ubicado en las afueras de Yungay. Una Llunca (sopa andina) y trucha fueron el punto culminante de esta jornada, pero… la condenada nube no había reconocido su derrota en el descenso y nos alcanzó en Yungay, desatando toda su furia expresada en una descomunal lluvia. La idea de ir pedaleando desde Yungay hasta Caraz se esfumó y tomamos un colectivo que nos transporte. Esa última pedaleada desde las afueras de Caraz hasta nuestro alojamiento, empapados, con las llantas patinando fue muy particular. Al poco rato, dejó de llover. Quizá la nube se convenció de que ya no tenía caso seguir molestando a dos bikers andinos de pura cepa, ansiosos por volver pronto a los andes en compañía de sus queridas bicicletas de montaña.

Carlos Caballero Montero
Co-Fundador y Administrador de ProBike

Tenemos dos vídeos en Youtube. El primero es con mis «nuevos guantes» apuntando el Huascarán, Huandoy y el Pisco. Se puede ver también las dos lagunas de Llanganuco, Orconcocha y Chinancocha bien abajo. Disfruten el granizo cuando vayan.

Este otro video es en la intersección de las Lagunas de Llanganuco: