Ciudad Sagrada de Caral

Crónica Ciclista: Barranca – Supe – Caral – Ciudad Sagrada – Végueta – Huara – Huacho

Día 1
Llegamos al Terminal Terrestre de Lima Norte, para sacar pasajes hacia Barranca. Por ahorrarnos un poco de dinero, optamos por la empresa Turismo Barranca (la cual no recomendamos), ya que el bus partió casi dos horas después. Dicho retraso nos perjudicó sobremanera. Llegamos a Barranca casi a las 11 am, tomamos un ligero desayuno y salimos apresurados a todo pedal sobre nuestras inseparables bicicletas hacia Supe. Como estábamos decididos a evitar en lo posible la carretera y todo lo que tenga que ver con asfalto, nos internamos en el campo y rogando porque toda la información que recopilamos en días anteriores esté actualizada.

Como aún no completábamos nuestra chanchita para la compra de nuestro GPS, el seguimiento de la ruta pre establecida ha tenido que ser a puro olfato, o sea, GPS mental. Empezando la ruta perdimos el camino de forma tonta, internándonos por primera vez en una chacra en la cual tuvimos una emboscada canina. Si, nueve perros nos rodearon como si se tratara de un plan de ataque de la brigada canina anti ciclistas. Felizmente sólo ladraron, nos persiguieron un rato, terminando nosotros en nuestra huída al lado de una acequia. Preguntamos a un señor que se hallaba laborando cerca a la acequia, el cual nos indicó el camino a seguir. No estábamos muy apartados de la ruta original

Retomamos el camino, p ero ni bien tomado, éste nos devolvió a la Panamericana. Como no queríamos pista para nada, preguntámos a una señora que nos indicó que a la altura del Colegio Atahualpa hay un acceso a un camino que nos podía llevar a Supe sin problemas. Fue un dato veraz. Avanzamos un par de kilómetros, encontramos el colegio referido y giramos hacia la izquierda, luego derecha, hallando un ancho camino de tierra que nos llevó hasta el mismo Supe. Nos dirigimos a la Plaza de Armas (fotos de rigor), para luego continuar por un boulevard repleto de gente (los borrachos de la noche anterior y un mercadillo). Terminado el boulevard hallamos nuevamente un camino de tierra, que según nuestro mapa mental cogido de internet debía llevarnos hasta la carretera Supe – Caral.

Todo iba bien (atravesando un par de acequias), hasta que el bendito camino de tierra terminó en un maizal sin entender por qué. Como no nos dió la regalada gana de volver kilómetros atrás y asumiendo que rodeando el maizal encontraríamos la continuación del camino, cometimos la maldita equivocación de internarnos bicicleta al hombro a través de la chacra. Al cabo de unos minutos nos dimos cuenta que estábamos atravesando un campo repleto de espinas, rogando que no suene el clásico psssss…. Luego de unos 20 minutos más con la bicicleta a cuestas, salimos del campo de espinas, solo para caer en un campo repleto de fango que dejó su marca en nuestras llantas y zapatillas. Avanzamos unos kilómetros para sentir que el alma volvía al cuerpo al divisar nuevamente un camino de tierra. Dicho camino nos llevaría hasta el pueblito El Molino y finalmente la carretera Supe – Caral, a la altura del kilómetro 6.

SL372274Iniciamos nuestro recorrido por dicha carretera hasta el kilómetro 26, en el que está ubicado el pueblo de Caral, un pueblito de 5 x 5 cuadras, con un único hotel, sin energía eléctrica constante (sólo de 6:30 pm a 10 pm gracias a un grupo electrógeno), sin agua potable (full pozo), sin cableado telefónico tradicional (full satélite) y en donde las refrigeradoras trabajan con gas principalmente. En pleno siglo XX y a pocas horas de Lima, el abismo tecnológico era considerable.
Antes de llegar al pueblo fue una constante divisar muchos letreros de cooperativas agrarias, ruinas (Pando, Chupacigarro, Miraya, etc) y campos de cultivo muy extensos.
Llegados al pueblo buscamos que comer para luego solicitar alojamiento. Curiosamente, la señora del restaurante era propietaria del mismo y también del único hotel de Caral, también era miembro de la Junta directiva de la Cooperativa Agraria colindante con el pueblo, y creo que un poco más y era dueña de todo el pueblo (la visitaba gente a consultarle sobre préstamos y actividades). La comida no estuvo del todo mal, tomando en cuenta que parece que era el único restaurante en Caral. Lo que si nos dio que pensar fueron los colchones del hotel donde nos alojamos. El piso era más blando. Colchón de paja, sin luz, con gotas de agua en lugar de un buen chorro al ducharse. Felizmente las garrapatas fueron desalojadas días antes por falta de pago o hubiera sido peor. Antes de acostarnos, vimos que la llanta trasera de la bici de mi hermano se hallaba con menos aire que la fosa de las marianas. Como no había luz ni ganas para cambiar la cámara decidimos hacerlo a la mañana siguiente.

Día 2
Amaneció en Caral y salimos a tomar desayuno en el mismo restaurante para luego volver al hotel y cambiar la cámara de la llanta de la bici de mi hermano Jorge. Al entrar en dicho proceso, notamos que la canasta de su masa trasera estaba flojo, motivo por el cual, mi hermano no iba a poder ir muy rápido con riesgo a quedarse botado en medio del desierto.
Partimos no sin antes oír temas de queja contra los mayoristas que compran las cosechas, que ponen el precio que quieren (82 céntimos el kilo de maíz) y que hacen su agosto al llegar a los mercados de la capital; que han salido 2 ladrones peligrosos y que viven en El Molino, que es mala idea pasar de noche por ahí. Que las elecciones regionales la ganó «el torito». La verdad, nos fuimos con la idea de que el slogan «El Perú avanza…» se aplica tan sólo a la capital. Se debería ser más franco y decir «Lima avanza, el resto, nos llega altamente…»

SL372306Nos internamos en ruta hacia la ciudad sagrada de Caral, la que está alejada unos 4 kms del pueblo. Durante ese corto trayecto vimos cosechas de maíz para avícolas y paprika, harta paprika encostalada y puesta como alfombras para su secado y posterior molienda. La entrada a la ciudad sagrada es espectacular. Totalmente desértico pero con las pirámides recibiéndonos uno se puede imaginar el esplendor de la época. Nos dirigimos a boletería para solicitar un guiado (2 horas aprox.). Por una cuestión lógica, no nos dejaron ingresar con bicicletas, pero tuvimos la confianza de dejarlas gracias al escaso público.

 

A pesar que el guía te repite un rollo aprendido de un folleto, revista o libro, lo que más nos agradó fue que respondiera a nuestras preguntas la información que generalmente no se responde. Algunas de ellas aún no tienen respuesta, como por ejemplo, el transporte de agua del río hacia la Ciudad Sagrada, la inexistencia de vestigios de una clase guerrera (no se han hallado armas lo que hace suponer que todo el control social era en base a creencias religiosas, animismo principalmente). Tampoco se nos respondió sobre ejemplos de movilidad social, no se ha hallado el cementerio, no se sabe si la coca, mullu o el ají ya eran utilizados como especies-monedas, no sabemos el grado de explotación de la clase común, no hay indicios del grado de propiedad que tenía el señor del valle. Bueno, para ser francos, si no lo sabe la misma Ruth Shady, jefa del proyecto Caral, era mucho pedir al pobre guía que nos responda.

SL372312La experiencia fue muy rica en el sentido de observar in situ el grado de civilización que nuestros ancestros tenían hace 5 mil años atrás y de cómo lograron tales niveles de producción y administración a lo largo del valle.
Durante el trayecto, el guía nos explicó la poca cultura de los visitantes, sobretodo escolares. Anécdotas como pintar las paredes de la ciudad sagrada o de señoras llevándose piedras de los muros como si fueran souvenirs dejaba la clara idea de la ignorancia que persiste motivada por la escasa apreciación de nuestra historia. La desconfianza de Ruth Shady frente a empresas privadas que pretenden «invertir» en el proyecto, como también su ingerencia en las actividades de las cooperativas agrícolas, aunado a la casi nula integración de las poblaciones cercanas a la ciudad sagrada, hace del proyecto, algo poco favorable para el desarrollo de la región. La ciudad sagrada de Caral es maravillosa como expresión cultural e histórica pero con poca relevancia para los pobladores, tal como ellos mismos lo han manifestado en el propio pueblo de Caral.

SL372341Satisfechos por la experiencia, nos internamos por la ruta del desierto de Supe hacia el valle de Végueta. Atravesamos algo de 20 kilómetros de desierto en el cual el sol atacaba con sus lanzas doradas. Previo a ello se tuvo la mala idea de cargarnos de gaseosas (no había rehidratantes en las bodegas de Caral). Mi hidrapak curiosamente se iba inflando de a pocos y cuando vi una sombra de tremenda joroba sobre mi espalda, opté por vaciar algo de líquido hacia mi estómago. El chorro de gaseosa con el gas como compañero de empuje daba una sensación similar al de meter un mentos dentro de una botella de gaseosa. Un géiser dentro de mi hidrapak! Solucionado el problema continuamos la ruta solo para encontrarnos con un súbito aumento de temperatura al pasar entre dos cerros (Gazadores y Mulatos), un efecto de «horno» producido por la cercanía de ambos accidentes pre-diluvianos. Luego de un pequeño ascenso y un corto downhill, nos visitó un inesperado: el viento proveniente de la costa. Ibamos en bajada, pero de nada valía porque el pedaleo contra el fuerte viento era similar a una trepada. El canalla viento nos chicoteaba de rato en rato con arena y nos impedía ver. Yo iba sin lentes de sol, ya que se me hicieron leña en la ciudad sagrada al caer sobre una piedra. La cantidad de arena acumulada en mi cara debía servir para armar la base de un castillo. Ese viento nos acompañó hasta que llegamos a la entrada del valle de Végueta, cerca a un canal donde hicimos un alto para revisar el mapa. Mala idea. Un ataque de mosquitos asesinos no tuvo piedad de nosotros, dejando varios cráteres en nuestras piernas. Salimos de ahí despavoridos hacia la carretera panamericana (unos 5,5 Kms más adelante) durante cuyo trayecto disfrutamos la belleza del valle de Végueta para luego tomar pista vía Antigua Panamericana Norte (a la altura de la Facultad de Ingenieria Agraria de la Sede Sapienstia) hacia Huaura (7 kms) en donde pudimos apreciar su limpia Plaza de Armas e histórico balcón (donde José de San Martín proclamó por primera vez la Independencia del Perú).

SL372378Continuamos hacia Huacho (5 kms) para llegar a la terminal de buses San Martín. Abordamos un bus que nos trajo de vuelta a Lima en 2 horas y media aproximadamente, contentos y felices por no habernos desbarrancado en Pasamayo y por no salir en noticias de primera plana.

Conclusión: Experiencia muy rica, full contacto con la naturaleza. Para hacer en cualquier época del año. Terreno llano en su mayoría. Recomendamos 2 días si quieres visitar toda la ciudad sagrada. Pero si no te diriges a la ciudad sagrada puedes hacer el recorrido en un sólo día.

Recorrido Total: 80 kms aprox. 30 Kms de pista y 50 kms de tierra y arena. 20 kilómetros de desierto aproximadamente.

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Saludos, y los invitamos a disfrutar de ésta ruta cicloturística.

Carlos Caballero Montero
Co-Fundador y Administrador ProBike