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La Ruta de la Penitencia

LAS PREVIAS DE LA RUTA DE LA PENITENCIA.

El nombre de esta ruta se debe a los amigos del grupo Lima Bike, quienes la hicieron a mediados de la primera década del 2000, requiriendo dos días para completarla. Nos cuentan ellos que en ese entonces el fenómeno del Niño había dejado el camino lleno de barro y vegetación «agresiva». Las ponchaduras eran un común denominador, la dificultad para avanzar, al punto que había que bajar de la bici y hacerlo a pie, dieron muestra clara de que ese debía ser el nombre: «La Ruta de la Penitencia». Las columnas de ciclistas empujando las bicis de forma lenta a merced de la tierra, el polvo, el barro y el sol asemejaba a peregrinos expiando el pecado.

Felizmente, el fenómeno del Niño no es constante y la dificultad inicial de la ruta disminuyó considerablemente con el paso de los años, quedando solamente el nombre como un recuerdo de lo que fue. La Ruta de la Penitencia ya no es tan exigente y un ciclista de nivel intermedio puede tranquilamente completarla con un poco de esfuerzo y mente perseverante.

LOS JINETES Y EL PLAN DE ATAQUE.

Rumbo a la Central Nuclear Huarangal.
Rumbo a la Central Nuclear Huarangal.
Llegando a Trapiche por la trocha del Valle del Río Chillón.
Llegando a Trapiche por la trocha del Valle del Río Chillón.

De este modo, cuatro bravos guerreros del pedal: Orlando, Jesús, Jorge y quien escribe, nos reunimos a las seis de la mañana de un domingo 04 de Noviembre de 2012 en el Centro Comercial Plaza Norte. Tomamos un buen desayuno y partimos a todo raudal por la Carretera Panamericana Norte hasta la altura de la Av. San Juan de Dios del distrito de Puente Piedra.

Es aquí, donde siguiendo toda esa avenida, continuamos vía asfalto hasta la Central Nuclear de Huarangal. Aquí hay un desvío de trocha que nos lleva a través del valle del río Chillón hasta la localidad de Trapiche. Es todo un disfrute ir por esta ruta a diferencia de la Av. Túpac Amaru que es más lenta, llena de tráfico, smog y no ofrece nada a la vista. 

Recomendamos ir por esta alternativa, pues puedes visualizar pueblos con habitantes amables, campos de cultivo extensos y ausencia de tráfico. Tan solo unas cuantas motos y camionetas pertenecientes a agricultores se topaban con nosotros por ratos y nos saludaban alegremente.

Estando en Trapiche nos aprovisionamos de rehidratantes y comestibles puesto que durante los 40 kilómetros que venían por delante no habría pueblo, estación o quisco de donde obtenerlo. Ni que decir de la telecomunicación, ya que perderíamos la señal del teléfono móvil, pocos kilómetros adelante.

DESIERTO, VEN A NOSOTROS...

Iniciamos inmediatamente el periplo por el desierto cuyo cuadro mostraba mucha tierra suelta y arena. Observamos numerosas concesiones mineras a cado lado de la trocha por la que nos abríamos paso (demasiadas en realidad).

El sol se mostraba abrazador e indolente con nuestro pequeño pelotón, pero nuestro ímpetu se mantuvo como una constante. Unos séis kilómetros desierto adentro y el camino empieza a mostrar sus primeras pendientes, haciéndose notorio el cambio de clima a partir de los 500 msnm. La tierra ya se hallaba más afirmada pero el paisaje empezó a contar con un nuevo acompañante: las cactáceas columnares.

Luego de casi una hora de pedaleo, la trocha, que se había mantenido notablemente recta, se topa con una montaña, por lo que el camino se transformó en el clásico «zig-zag» de ascenso. La pendiente, que hasta entonces había sido ligera, aumentó en varios grados y los cambios de la bicicleta tuvieron que ser necesarios para mantener el equilibrio entre velocidad y desgaste físico razonable, sin acariciar el agotamiento.

El silencio del ambiente era un acompañante adicional al jadeo, el sonido de la cadena en relación con el piñón y la fricción entre neumáticos y el suelo. Nada con bocinas, ruidos de motores o voces de muchedumbre. Se sentía mucha paz pero al mismo tiempo una sensación de que algo o alguien observara detrás de las rocas. Era el sinónimo de la «calma chicha».

Cactáceas columnares en la ruta de la penitencia.
Cactáceas columnares en la ruta de la penitencia.
Jorge con parte del "zig-zag" de ascenso de fondo.
Jorge con parte del "zig-zag" de ascenso de fondo.

LA CUMBRE DEL PORTACHUELO.

Tras un buen rato ascendiendo y dándole duro al pedal, ingresamos al clima donde bajo la sombra sientes frío. Era definitivo, pues habíamos cambiado de piso ecológico. Ni el aire, ni la poca vegetación pertenecían ya a la costa. Nos encontrábamos bien inmersos en la región Yunga.

Continuando por el camino que iba por la ladera de la montaña, nos percatamos a lo lejos que la trocha nos llevaba a un abra. Los relojes marcaban más del mediodía y asumimos que había que seguirlo. Entrando por el abra llegamos a una especie de meseta con un escenario similar al marciano: muchas rocas sobre tierra roja. Cientos de metros más adelante coronamos la cumbre del Portachuelo y sus 1450 metros de altitud.

Este punto, es la sede de un campamento minero y curiosamente, se tiene señal de teléfono móvil. Es aquí donde descansamos un buen rato y nos hidratamos apropiadamente antes de iniciar el descenso, previa contemplación de las crestas andinas que se perdían en el horizonte. Fueron 20 kilómetros bien pedaleados.

EL DESCENSO AL VALLE DEL RÍO CHANCAY.

Con el aliento recuperado y con la casaca cortaviento bien puesta ya que la temperatura seguía descendiendo, nos lanzamos a un espectacular descenso de 10 kilómetros hasta la entrada del valle del río Chancay.

La velocidad montaña abajo era una dicha y un premio luego de tanto esfuerzo en la trepada. Del desierto empezamos a pasar al valle del río Chancay progresivamente. Fue muy bueno el volver a contar con vegetación frondosa.

Continuamos en pendiente negativa pasando por la hacienda Quilca, la quebrada de Orcón y la hacienda Pisquillo. Cerca de aquí se puede observar un centro arqueológico del antiguo estado Chancay llamado Pisquillo – Las Shicras, él que data de 1 200 aec.

Los cuatro jinetes sobre caballos de metal que partieron de la ciudad de Lima, seguían trasladándose libremente por la trocha de tan rico valle hasta que llegamos al pueblo de Palpa, sede de una antigua hacienda del mismo nombre.

Desde aquí ya no tuvimos más trocha y continuamos por la carretera asfaltada hacia Pueblo Libre, Huando y finalmente la ciudad de Huaral, donde gozamos de una buena y gloriosa comida restauradora.

El descenso desde Portachuelo.
El descenso desde Portachuelo.
Entrando al valle del río Chancay.
Entrando al valle del río Chancay.

GALERÍA DE FOTOS DE LA RUTA DE LA PENITENCIA.

RETORNO Y CONCLUSIÓN SOBRE LA RUTA DE LA PENITENCIA.

Abordamos el bus hacia Lima con una satisfacción increíble de haber experimentado una gran ruta, aunque con la ligera desazón de no haber pagado suficiente «penitencia». Nos propusimos volver a esta ruta cada año y así lo hemos venido haciendo desde entonces.

Conclusión: Ruta para ciclistas de nivel intermedio hacia adelante. Llevar harto líquido para atravesar la zona del desierto con facilidad. La pendiente hasta Portachuelo no es tan empinada pero se vuelve un poco tediosa al iniciar el «zig-zag». Llevar una casaca cortaviento para protegerse del frío en la cumbre y en el descenso.

Carlos Caballero Montero.
Co-Fundador de ProBike Perú.

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Publicado en Rutas

4 comentarios

  1. jaime

    Por ahi era el tren a Huaral, Cerro Huachocc, corri rallys por ahi en 1969 del ACP Comas Puente Trapiche Huaral los buses deberian ir por ahi chau Pasamayo,

  2. Jorge Huisa

    Sres probike , consulta : esa ruta se puede hacer con un vehículo particular 4×4 , ya que el waze lo pone como una opción en la ruta de lima a Huacho , favor en su experiencia si es posible o es muy peligrosa por que según fotos solo se aprecia el
    Ancho para un solo vehículo y es desierto para cualquier percance , asimismo son cerros tendientes a derrumbes de piedras , favor aconsejar en su experiencia si es factible , muchas gracias

    • Sandro Mazzola

      Hola Jorge yo la hice de Huaral a Lima con una Hilux 4×4
      La ruta es desértica y unos paisajes fuera de lo común
      En la ruta hay que subir muchos cerros muy altos en una trocha muy delgada, tuve suerte de no cruzarme con ningún vehiculo porque no me imagino como hubiera salido de esa además que los precipicios son muy altos
      En la tarde hay neblina y eso dificultó la travesía

      • Ivan

        Tal cual yo lo pase en un VW Tiguan , sin querer me desvíe x ahí , pero buena ruta y bellos paisajes , pero no pasarlo de noche , no es recomendable

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